Daily Word of Encouragement 12.29.25 - Joe Newton
__largepreview__.webp)
Advent | The Coming Savior - Titus 2:11-14 - December 29, 2025
“For the grace of God has appeared, bringing salvation for all people…”
Another Christmas has come and gone, and no doubt many a living room floor was covered with shreds of wrapping and tissue paper, empty boxes, and the little plastic tabs from clothing tags. But whether you got an expensive Tiffany necklace or a package of underwear, the most important gift we received was given more than two thousand years ago, when the grace of God came down in the form of a baby. That baby, Jesus, came to fulfill one purpose – to bring salvation to a lost people. Not a select few, but to ALL people.
But that gift – the salvation offered to us through the death and resurrection of Jesus – is not meant just to change our eternal destiny. It goes much deeper than that. Salvation is not a “fire escape” which enables us to live however we want. Look at verse 12, “training us to renounce ungodliness and worldly passions, and to live self-controlled, and godly lives in the present age,”. What Christ did for us doesn’t just change our future; it changes our present as well. His grace teaches us to say, “No” to ungodly living and to be a light that points others to Him. Randy Alcorn said this. “Any concept of grace that makes us feel more comfortable sinning is not biblical grace. God’s grace never encourages us to live in sin, on the contrary, it empowers us to say no to sin and yes to truth.” As believers, we are called to live holy lives. 1 Peter 1:15 says, “but as he who called you is holy, you also be holy in all your conduct,”.
As we live according to His grace, we do so “looking for that blessed hope.” The time when Jesus will come and make all things new and right. Jesus wasn’t just a baby born in a manger; He was the promised Savior. The One who came to deliver us from the bondage of sin and to bridge the chasm between God and us that sin created. We are no longer bound to that sin and should die to it every single day. May we, as His people, shine His light by living in a way that glorifies Him.
Adviento | El Salvador que viene - Tito 2:11-14 - 29 de diciembre de 2025
«Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres...»
Otra Navidad ha llegado y se ha ido, y sin duda muchos salones se han llenado de trozos de papel de regalo y papel de seda, cajas vacías y pequeñas etiquetas de plástico de la ropa. Pero tanto si recibiste un costoso collar de Tiffany como un paquete de ropa interior, el regalo más importante que recibimos nos fue dado hace más de dos mil años, cuando la gracia de Dios descendió en forma de un bebé. Ese bebé, Jesús, vino para cumplir un propósito: traer la salvación a un pueblo perdido. No a unos pocos elegidos, sino a TODAS las personas.
Pero ese regalo, la salvación que se nos ofrece a través de la muerte y resurrección de Jesús, no solo tiene como objetivo cambiar nuestro destino eterno. Va mucho más allá de eso. La salvación no es una «escalera de incendios» que nos permite vivir como queramos. Fíjate en el versículo 12: «enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a vivir en esta era presente de manera sobria y piadosa». Lo que Cristo hizo por nosotros no solo cambia nuestro futuro, sino también nuestro presente. Su gracia nos enseña a decir «no» a una vida impía y a ser una luz que guíe a otros hacia Él. Randy Alcorn dijo lo siguiente: «Cualquier concepto de gracia que nos haga sentir más cómodos pecando no es gracia bíblica. La gracia de Dios nunca nos anima a vivir en el pecado, al contrario, nos da fuerzas para decir no al pecado y sí a la verdad». Como creyentes, estamos llamados a vivir una vida santa. 1 Pedro 1:15 dice: «Sino que, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra conducta».
Al vivir según Su gracia, lo hacemos «esperando la bendita esperanza». El momento en que Jesús vendrá y hará nuevas y correctas todas las cosas. Jesús no fue solo un bebé nacido en un pesebre; fue el Salvador prometido. Aquel que vino a liberarnos de la esclavitud del pecado y a salvar la brecha entre Dios y nosotros que el pecado había creado. Ya no estamos atados a ese pecado y debemos morir a él cada día. Que nosotros, como su pueblo, hagamos brillar su luz viviendo de una manera que lo glorifique.
