Daily Word of Encouragement 4.1.26 - Julian Marcel

Published April 1, 2026
Daily Word of Encouragement 4.1.26 - Julian Marcel

Jesus’ Final Week - Matthew 21:1-11 - April 1, 2026

Matthew 21:9 - And the crowds that went before him and that followed him were shouting, ‘Hosanna to the Son of David!  Blessed is he who comes in the name of the Lord!  Hosanna in the highest!’

Roughly 33 years on earth led up to this final week.  Jesus had been born in Bethlehem, raised in Nazareth, and was ministering in the surrounding areas.  He had revealed Himself as the ‘I AM’ - the God of all things.  He had been sent by the Father for one express purpose - to save sinners.  Jesus came to teach, heal, and help people glimpse the Kingdom of God.  He called them to repent and believe in the Gospel of the Kingdom.  And all of it was culminating in His final week on earth.  

To begin what we now refer to as ‘Holy Week,’ Jesus rides into Jerusalem mounted on a donkey, a colt.  As He entered, most of the crowd spread cloaks on the road and waved palm branches, shouting, ‘HOSANNA!’  

With this one word, ‘hosanna,’ we learn so much about people’s perception of Jesus.  The word comes from two words in the Hebrew language, yasha (which means ‘save’) and anna (which means ‘beg’).  Literally, the shouts of ‘Hosanna’ are shouts of ‘I beg you to save!’  The people knew that Jesus was the King… they treated Him as such.  And yet, there is no doubt that their expectations of salvation were not aligned with the reality of Jesus’ mission.  

The people thought they were getting a conquering ruler who would overthrow their political oppressors.

Instead, they received a suffering Messiah who, through weakness and humility, brought about a salvation far deeper and more significant.

As the people begged Jesus to save them on the Triumphal Road to Jerusalem, so we all can join in shouting, ‘Hosanna!’ to this very day.  We must recognize that Jesus, and Jesus alone, is capable of saving us.  He is the Son of David, the promised Messiah, who came to deliver us from the domain of darkness and transfer us into the Kingdom of His beloved Son.  He brought us from death to life… by giving up His life to death.  

As we begin this ‘Holy Week,’ let us all come to God in humble prayer, thanking Him for sending us His only beloved Son that we might be saved by grace alone through faith alone in Christ alone.  Amen.

La última semana de Jesús - Mateo 21:1-11 - 1 de abril de 2026

Mateo 21:9 - Y las multitudes que le precedían y le seguían gritaban: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!».

Unos 33 años en la tierra condujeron a esta última semana. Jesús había nacido en Belén, se había criado en Nazaret y estaba ejerciendo su ministerio en los alrededores. Se había revelado como el «YO SOY», el Dios de todas las cosas. Había sido enviado por el Padre con un propósito expreso: salvar a los pecadores. Jesús vino a enseñar, sanar y ayudar a las personas a vislumbrar el Reino de Dios.  Les llamó al arrepentimiento y a creer en el Evangelio del Reino.  Y todo ello culminaba en su última semana en la tierra.  

Para dar inicio a lo que hoy llamamos «Semana Santa», Jesús entra en Jerusalén montado en un asno, un pollino.  Al entrar, la mayor parte de la multitud extendió mantos sobre el camino y agitó ramas de palmera, gritando: «¡HOSANNA!».

Con esta sola palabra, «hosanna», aprendemos mucho sobre la percepción que la gente tenía de Jesús. La palabra proviene de dos términos del hebreo, yasha (que significa «salvar») y anna (que significa «suplicar»). Literalmente, los gritos de «Hosanna» son gritos de «¡Te suplico que salves!».  La gente sabía que Jesús era el Rey… y lo trataban como tal.  Y, sin embargo, no hay duda de que sus expectativas de salvación no se ajustaban a la realidad de la misión de Jesús.  

La gente pensaba que iban a recibir a un gobernante conquistador que derrocara a sus opresores políticos.

En cambio, recibieron a un Mesías sufriente que, a través de la debilidad y la humildad, trajo una salvación mucho más profunda y significativa.

Así como el pueblo suplicaba a Jesús que los salvara en el Camino Triunfal hacia Jerusalén, así todos nosotros podemos unirnos para gritar «¡Hosanna!» hasta el día de hoy. Debemos reconocer que Jesús, y solo Jesús, es capaz de salvarnos. Él es el Hijo de David, el Mesías prometido, que vino a liberarnos del dominio de las tinieblas y a trasladarnos al Reino de su amado Hijo.  Él nos llevó de la muerte a la vida… al entregar su vida a la muerte.  

Al comenzar esta «Semana Santa», acerquémonos todos a Dios en humilde oración, dándole gracias por enviarnos a su único y amado Hijo para que seamos salvados solo por la gracia, solo por la fe, solo en Cristo.  Amén.