Daily Word of Encouragement 4.15.26 - Forrest Whitehall

Published April 15, 2026
Daily Word of Encouragement 4.15.26 - Forrest Whitehall

Jesus’ Final Week - John 13:31-35 - April 15, 2026

As the conclusion of Holy Week approached for Jesus and the disciples, we find ourselves in the upper room, just before the beginning of Jesus’ passion. 

The last supper has passed, and Judas was sent away with a poisoned heart. In the moment Judas walked away, Jesus knew the end was in motion. In almost a relief or victorious proclamation, Jesus says to the others, “Now is the Son of Man glorified, and God is glorified in Him.”

Jesus then informs His followers that, despite their zeal and allegiance to follow Him to the end of the earth, “where I am going, you cannot come.”

With no room for a retort, Jesus tells them of the “New Commandment.” In this new covenant, the pure essence of God’s grace. “Love one another: just as I have loved you.”

What Jesus wants for his disciples and for all of His followers is to demonstrate a love that mirrors His. But like most things in the Christian life, it is not by our own works or merit that we may hope to achieve it. It is through the intercession of the Holy Spirit working within us that we may emit this Agape love for the purpose of glorifying God.

A kind of love that would soon be demonstrated in the curias, the dusty streets, and atop the mountain of The Place of the Skull. A love that pours out of veins and arteries. A love that flows like living water. Agape love.

La última semana de Jesús - Juan 13:31-35 - 15 de abril de 2026

A medida que se acercaba el final de la Semana Santa para Jesús y los discípulos, nos encontramos en el cenáculo, justo antes del comienzo de la pasión de Jesús.

La Última Cena había terminado y Judas se había marchado con el corazón envenenado. En el momento en que Judas se alejó, Jesús supo que el final se había puesto en marcha. En lo que parece casi un alivio o una proclamación victoriosa, Jesús dice a los demás: «Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él».

Jesús informa entonces a sus seguidores de que, a pesar de su celo y lealtad para seguirlo hasta los confines de la tierra, «adonde yo voy, vosotros no podéis venir».

Sin dejar lugar a réplica, Jesús les habla del «nuevo mandamiento». En este nuevo pacto, la esencia pura de la gracia de Dios: «Amaos los unos a los otros: tal como yo os he amado».

Lo que Jesús quiere para sus discípulos y para todos sus seguidores es que demuestren un amor que refleje el suyo. Pero, como la mayoría de las cosas en la vida cristiana, no es por nuestras propias obras o méritos que podamos esperar lograrlo. Es a través de la intercesión del Espíritu Santo que obra en nosotros como podemos irradiar este amor ágape con el propósito de glorificar a Dios.

Un tipo de amor que pronto se manifestaría en las curias, en las calles polvorientas y en la cima de la montaña del Lugar de la Calavera. Un amor que brota de las venas y las arterias. Un amor que fluye como agua viva. Amor ágape.