Daily Word of Encouragement 5.27.26 - Bruce Gardner
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Attributes of God - God is Compassionate - May 27, 2026
Psalm 103:13 - “As a father shows compassion to his children, so the Lord shows compassion to those who fear him.”
When you think of a father showing compassion to his child, what images come to mind? If you had a reasonably good relationship with your father growing up—or at least have seen a good movie portrayal—perhaps scenes like these arise:
A father grasps the hand of his young son, lying feverish in a hospital bed.
A father, remembering his own failures as a teenager, chooses a loving but firm conversation instead of harsh punishment for his daughter’s latest rebellion.
A father writes his monthly support check for a needy child he’s sponsoring overseas, wishing he could do far more to establish meaningful two-way communication.
In each case, compassion appears as heartfelt concern expressed through loving action toward someone in need. Nothing feels contrived or manipulative. The compassion seems to flow naturally from the father’s heart.
God alone is the ultimate source of such true compassion. Even unbelievers may at times display genuine compassion because God’s common grace still works within humanity. His goodness can restrain selfishness and stir merciful actions even among those who do not acknowledge Him.
Yet Scripture says God shows special compassion toward “those who fear Him”—those who sincerely trust Him and seek Him in faith (Hebrews 11:6).
Throughout the Old Testament, God repeatedly demonstrated compassion by relenting from judgment against people who deserved His wrath. Psalm 78:38–39 describes how He restrained His anger because He remembered their weakness. At other times, God compassionately delivered people after they humbled themselves and acknowledged their need for mercy. Even the wicked King Ahab experienced temporary mercy after repenting for the murder of Naboth and the theft of his vineyard (1 Kings 21).
Notice something important: God did not compassionately respond because these people were morally admirable. Rather, He responded because they finally humbled themselves before Him.
In the New Testament, God’s compassion shines even more brightly through Jesus Christ. Jesus showed deep compassion toward:
1. the Samaritan woman at the well (John 4)
2. The woman caught in adultery (John 8)
3. The woman suffering from chronic bleeding (Luke 8)
4. The centurion pleading for his servant (Matthew 8)
5. Zacchaeus the dishonest tax collector (Luke 19)
And countless others whom He forgave, healed, and restored.
The supreme example of divine compassion, of course, was displayed at the cross. After being falsely accused, mocked, beaten, and crucified, Jesus prayed: “Father, forgive them, for they know not what they do” (Luke 23:34).
This was compassion at its highest expression: love extended toward enemies. It was not based on warm feelings toward sinful people. Rather, it was compassion rooted in God’s determination to forgive and save those willing to repent and turn to Him. God’s compassion says, in effect: “I will forgive you, love you, and receive you despite your rebellion, if you will humble yourself before Me and trust Me.”
What about us? Scripture repeatedly calls believers to show compassion to others. Yet if we are honest, tender feelings of compassion do not always come naturally—especially toward difficult people or those with whom we have little connection. Still, even when strong feelings are absent, believers can—with the Holy Spirit’s help—act compassionately when God places needs before them.
Is God prompting you to contact someone who has offended you, confess your own part in the conflict, and seek reconciliation? Is He prompting you to help someone in financial need, even when it costs you something personally? Is He prompting you to devote time, energy, or resources toward a ministry or cause He has clearly placed on your heart?
Biblical compassion is not merely emotional sentiment. It is a willingness to love, forgive, serve, and sacrifice when God calls us to do so—even when we do not particularly “feel like it.”
Lord God, give us willing hearts to demonstrate Your compassion to those You place before us. Help us to love, forgive, serve, and give as You lead us, even when our feelings lag. Increase our courage, energy, and desire to seek opportunities to reflect Your compassionate heart to others. In Jesus’ name, Amen.
Atributos de Dios – Dios es Compasivo – 27 de mayo de 2026
Salmo 103:13 – “Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen”.
Cuando piensas en un padre mostrando compasión a su hijo, ¿qué imágenes vienen a tu mente? Si tuviste una relación razonablemente buena con tu padre al crecer —o al menos has visto una buena representación en una película— tal vez surjan escenas como estas:
Un padre toma la mano de su pequeño hijo, que yace con fiebre en una cama de hospital.
Un padre, recordando sus propios fracasos como adolescente, elige tener una conversación amorosa pero firme en lugar de castigar duramente la más reciente rebeldía de su hija.
Un padre escribe su cheque mensual de apoyo para un niño necesitado que patrocina en el extranjero, deseando poder hacer mucho más para establecer una comunicación significativa en ambas direcciones.
En cada caso, la compasión aparece como una preocupación sincera expresada por medio de una acción amorosa hacia alguien en necesidad. Nada se siente forzado ni manipulador. La compasión parece fluir naturalmente del corazón del padre.
Solo Dios es la fuente suprema de esa compasión verdadera. Incluso los no creyentes pueden, en ocasiones, mostrar compasión genuina porque la gracia común de Dios todavía obra en la humanidad. Su bondad puede refrenar el egoísmo y despertar acciones misericordiosas aun entre aquellos que no lo reconocen.
Sin embargo, la Escritura dice que Dios muestra una compasión especial hacia “los que le temen”, aquellos que sinceramente confían en Él y lo buscan con fe (Hebreos 11:6).
A lo largo del Antiguo Testamento, Dios demostró repetidamente Su compasión al desistir del juicio contra personas que merecían Su ira. Salmo 78:38–39 describe cómo Él contuvo Su enojo porque recordó la debilidad de ellos. En otras ocasiones, Dios libró compasivamente a personas después de que se humillaron y reconocieron su necesidad de misericordia. Incluso el malvado rey Acab experimentó misericordia temporal después de arrepentirse por el asesinato de Nabot y el robo de su viña (1 Reyes 21).
Observa algo importante: Dios no respondió con compasión porque estas personas fueran moralmente admirables. Más bien, respondió porque finalmente se humillaron delante de Él.
En el Nuevo Testamento, la compasión de Dios brilla aún con más claridad por medio de Jesucristo. Jesús mostró profunda compasión hacia:
la mujer samaritana junto al pozo (Juan 4);
la mujer sorprendida en adulterio (Juan 8);
la mujer que sufría de un flujo de sangre crónico (Lucas 8);
el centurión que suplicaba por su siervo (Mateo 8);
Zaqueo, el recaudador de impuestos deshonesto (Lucas 19);
y hacia incontables otros a quienes perdonó, sanó y restauró.
El ejemplo supremo de la compasión divina, por supuesto, fue mostrado en la cruz. Después de ser acusado falsamente, burlado, golpeado y crucificado, Jesús oró: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).
Esta fue la compasión en su máxima expresión: amor extendido hacia los enemigos. No estaba basada en sentimientos cálidos hacia personas pecadoras. Más bien, era una compasión arraigada en la determinación de Dios de perdonar y salvar a quienes estén dispuestos a arrepentirse y volverse a Él. La compasión de Dios dice, en efecto: “Te perdonaré, te amaré y te recibiré a pesar de tu rebelión, si te humillas delante de Mí y confías en Mí”.
¿Y nosotros? La Escritura llama repetidamente a los creyentes a mostrar compasión hacia los demás. Sin embargo, si somos honestos, los sentimientos tiernos de compasión no siempre surgen naturalmente, especialmente hacia personas difíciles o hacia aquellos con quienes tenemos poca conexión. Aun así, incluso cuando los sentimientos fuertes están ausentes, los creyentes pueden —con la ayuda del Espíritu Santo— actuar con compasión cuando Dios pone necesidades delante de ellos.
¿Te está impulsando Dios a contactar a alguien que te ha ofendido, confesar tu propia parte en el conflicto y buscar reconciliación? ¿Te está impulsando a ayudar a alguien en necesidad económica, aun cuando eso te cueste personalmente? ¿Te está impulsando a dedicar tiempo, energía o recursos a un ministerio o causa que claramente ha puesto en tu corazón?
La compasión bíblica no es simplemente un sentimiento emocional. Es la disposición a amar, perdonar, servir y sacrificar cuando Dios nos llama a hacerlo, aun cuando no tengamos muchas ganas.
Señor Dios, danos corazones dispuestos a demostrar Tu compasión a quienes Tú pones delante de nosotros. Ayúdanos a amar, perdonar, servir y dar según Tú nos guíes, aun cuando nuestros sentimientos se queden atrás. Aumenta nuestro valor, energía y deseo de buscar oportunidades para reflejar Tu corazón compasivo hacia los demás. En el nombre de Jesús, amén.
