Daily Word of Encouragement 7.18.26 - Ben Steele
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Being a Healthy Christian - Lamentations 3:19-26 - July 18, 2026
19 I remember my affliction and my wandering,
the bitterness and the gall.
20 I well remember them,
and my soul is downcast within me.
21 Yet this I call to mind
and therefore I have hope:
22 Because of the Lord’s great love we are not consumed,
for his compassions never fail.
23 They are new every morning;
great is your faithfulness.
24 I say to myself, “The Lord is my portion;
therefore I will wait for him.”
25 The Lord is good to those whose hope is in him,
to the one who seeks him;
26 it is good to wait quietly
for the salvation of the Lord.
—Lamentations 3:19–26
Are your emotions quiet—or are they loud? One thing I have learned from coaching girls’ softball is that emotions are often loud. Even when no one is saying anything, their faces say plenty. The highs are high, and the lows are low. A bad day at school can become a bad day on the field, while one player arriving happy and energized can lift the entire team. It reminds me of something my wife often tells our kids: “Feelings are bad leaders, but great followers.”
That comes to mind as I read Lamentations 3. The writer’s emotions are loud. He remembers his affliction, his wandering, his bitterness and his pain. His soul is downcast, and he does not pretend otherwise. Scripture does not tell us to ignore our emotions, deny them or hide them behind a spiritual smile. But it also does not tell us to let them lead.
The turning point comes in verse 21: “Yet this I call to mind and therefore I have hope.” His circumstances have not suddenly changed, but he intentionally directs his thoughts toward what is eternally true: “Because of the Lord’s great love we are not consumed, for his compassions never fail.” That is more than a positive observation. It is a promise. God’s love has not run out, His compassion has not failed, and His faithfulness is new every morning.
Our culture often encourages emotionally driven reactions. Outrage, fear and overreaction are everywhere (exhibit A: the internet). But as followers of Jesus, we are called to something different. Not so we can claim the moral high ground over people arguing in a comment section, but because the way we respond reveals something about the One we follow.
Jesus said the world would recognize His disciples by the way they love one another (John 13:35). That love is more than a feeling; it is a decision expressed through action. We are called to let the peace of Christ rule in our hearts and to live with thankfulness (Colossians 3:15). We are instructed to bring our anxieties to God in prayer so that His peace can guard our hearts and minds (Philippians 4:6–7). We are called to trust the Lord rather than lean entirely on our own understanding (Proverbs 3:5–6). And we are encouraged to wait patiently and courageously for Him (Psalm 27:14).
So how should we approach our emotional health biblically? Lamentations 3 gives us a pattern. First, recognize what you are feeling. The writer honestly admits that he is downcast and bitter. Then, remember what is true. He deliberately calls God’s character and promises to mind. Finally, respond with hope. He chooses to seek the Lord, trust His goodness and wait quietly for His salvation.
Our feelings are real, but they are not always reliable. They can alert us to what is happening within us, but they were never meant to determine what is true. When our emotions get loud, we do not have to silence them or surrender to them. We can bring them honestly before God and allow His truth to lead.
So, are your emotions quiet today—or are they loud? Either way, call this to mind: you are not consumed. God’s compassion has not failed. His mercy is new this morning, and His faithfulness is still great. Let your feelings follow that truth, and let hope be loud today!
Siendo un Cristiano Saludable – Lamentaciones 3:19–26 — 18 de julio de 2026
19 Recuerdo mi aflicción y mi andar errante,
la amargura y la hiel.
20 Lo recuerdo muy bien,
y mi alma está abatida dentro de mí.
21 Pero esto traigo a mi memoria,
y por eso tengo esperanza:
22 Por el gran amor del Señor no somos consumidos,
porque nunca se acaban sus misericordias.
23 Nuevas son cada mañana;
grande es tu fidelidad.
24 Me digo a mí mismo: «El Señor es mi porción;
por tanto, esperaré en él».
25 El Señor es bueno con quienes ponen su esperanza en él,
con quienes lo buscan;
26 bueno es esperar en silencio
la salvación del Señor.
—Lamentaciones 3:19–26
¿Están tranquilas tus emociones, o están haciendo mucho ruido?
Algo que he aprendido al entrenar un equipo de sóftbol femenino es que las emociones suelen ser muy ruidosas. Incluso cuando nadie está diciendo nada, sus rostros dicen mucho. Los momentos buenos son muy buenos, y los malos son muy malos. Un mal día en la escuela puede convertirse en un mal día en el campo, mientras que una jugadora que llega alegre y llena de energía puede animar a todo el equipo.
Esto me recuerda algo que mi esposa suele decirles a nuestros hijos: «Los sentimientos son malos líderes, pero excelentes seguidores».
Pienso en esto cuando leo Lamentaciones 3. Las emociones del escritor son ruidosas. Recuerda su aflicción, su andar errante, su amargura y su dolor. Su alma está abatida, y él no pretende que sea de otra manera. Las Escrituras no nos dicen que ignoremos nuestras emociones, que las neguemos ni que las escondamos detrás de una sonrisa espiritual.
Pero tampoco nos dicen que permitamos que ellas nos dirijan.
El punto de cambio llega en el versículo 21: «Pero esto traigo a mi memoria, y por eso tengo esperanza». Sus circunstancias no han cambiado repentinamente, pero él dirige intencionalmente sus pensamientos hacia lo que es eternamente verdadero: «Por el gran amor del Señor no somos consumidos, porque nunca se acaban sus misericordias».
Esto es más que una observación positiva. Es una promesa. El amor de Dios no se ha agotado, su compasión no ha fallado y su fidelidad es nueva cada mañana.
Nuestra cultura suele fomentar reacciones impulsadas por las emociones. La indignación, el temor y las reacciones exageradas están por todas partes —la prueba número uno: el internet—. Pero, como seguidores de Jesús, somos llamados a algo diferente. No para sentirnos moralmente superiores a quienes discuten en la sección de comentarios, sino porque la manera en que respondemos revela algo acerca de Aquel a quien seguimos.
Jesús dijo que el mundo reconocería a sus discípulos por la manera en que se aman unos a otros (Juan 13:35). Ese amor es más que un sentimiento; es una decisión que se expresa mediante acciones. Somos llamados a permitir que la paz de Cristo gobierne en nuestros corazones y a vivir con gratitud (Colosenses 3:15). Se nos instruye a llevar nuestras preocupaciones a Dios en oración, para que su paz guarde nuestros corazones y nuestros pensamientos (Filipenses 4:6–7). Somos llamados a confiar en el Señor en lugar de apoyarnos completamente en nuestro propio entendimiento (Proverbios 3:5–6). También se nos anima a esperar en él con paciencia y valentía (Salmo 27:14).
Entonces, ¿cómo debemos cuidar nuestra salud emocional de una manera bíblica?
Lamentaciones 3 nos presenta un modelo. Primero, reconoce lo que estás sintiendo. El escritor admite con sinceridad que está abatido y amargado. Luego, recuerda lo que es verdadero. De manera deliberada, trae a su mente el carácter y las promesas de Dios. Finalmente, responde con esperanza. Decide buscar al Señor, confiar en su bondad y esperar en silencio su salvación.
Nuestros sentimientos son reales, pero no siempre son confiables. Pueden advertirnos de lo que está sucediendo en nuestro interior, pero nunca fueron diseñados para determinar lo que es verdad. Cuando nuestras emociones se hacen ruidosas, no tenemos que silenciarlas ni rendirnos ante ellas. Podemos presentarlas con sinceridad delante de Dios y permitir que su verdad nos dirija.
Entonces, ¿están tranquilas tus emociones hoy, o están haciendo mucho ruido?
En cualquier caso, trae esto a tu memoria: no has sido consumido. La compasión de Dios no ha fallado. Su misericordia es nueva esta mañana, y su fidelidad sigue siendo grande. Permite que tus sentimientos sigan esa verdad, ¡y deja que hoy la esperanza sea la que haga más ruido!
